Autor: Mariano Vazquez
No existe una razón, o al menos aún no la he encontrado, para separar la humanidad de la efectividad en un centro de contactos. La pregunta que podrían hacerse aquellos que dirigen un centro de contactos es:
¿Ser efectivos para qué?
La efectividad no es un fin en sí mismo, está inmersa en el proceso que me lleva a conseguir un objetivo.
¿Cuántas de las personas que trabajan en un centro de contactos se han puesto a reflexionar acerca de los principios y valores que rigen su vida? y no solo estos trabajadores, sino la mayoría de los seres humanos.
Aquellos que si han tenido la posibilidad de reconocer cuáles son sus aspiraciones coinciden en detallar como los principales: la felicidad, la plenitud, el amor, la paz y la libertad.
¿Qué pasa entonces con el dinero, el éxito, los logros y los resultados obtenidos, ya sean económicos, emocionales o materiales? ¿Podemos reconocer que son solo medios para lograr satisfacción?
La única fuente de satisfacción genuina consiste en ampliar nuestro nivel de conciencia para apreciar la felicidad, el amor, la plenitud, la paz y la libertad.
Puedo asegurar, sin ánimo de equivocarme, que invertimos más tiempo en nuestros trabajos que en alguna otra actividad de nuestra vida.
Si durante ese tiempo, padecemos el trabajo, lo malgastamos, no tomamos conciencia, lo consideramos muerto, podemos entonces decir que nuestra vida no tiene sentido.
Por este motivo, es mi intención ampliar el espacio de conciencia a todos aquellos managers que dirigen centros de contacto, para que no lo vean solamente como una actividad productiva y comiencen a pensarlo además como un medio donde las personas consiguen su verdadera satisfacción.
Y como un camino posible a recorrer surge el coaching.
El coaching es mucho más que una disciplina que está de moda, es mucho más que una nueva herramienta de management, desde mi interpretación es una nueva manera de ver a las personas, es una nueva forma de “ser”, desde una perspectiva mucho más amplia. No existe una única manera de poner en práctica el coaching.
Como coach asisto a las organizaciones a que puedan diseñar su propio mapa, que les permita ayudarles a elegir un punto de destino y algunos caminos alternativos para alcanzar la zona deseada.
Cada supervisor tendrá que explorar el territorio por sí mismo, porque ningún mapa puede reflejar las distintas posibilidades en las interrelaciones humanas y es ahí donde aparece el poder del coaching, en la maestría de hacer que las cosas ocurran, de mejorar, apreciar y que cada una de las personas que integran un centro de contactos puedan disfrutar su lugar de trabajo.
Parafraseando al filósofo Marcel Proust, permitirá entender que: “el verdadero camino hacia los resultados no consiste en buscar nuevas manera de hacer las cosas, sino en cambiar la forma en que observamos el centro de contactos”.